Dejar de ser quien eres

Para crecer debemos dejar cosas atrás

Y para transformarte de forma poderosa tienes que estar dispuesta, oh persona curiosa, a renunciar a mucho. Debes asumir que quizás dejes de ser quien eres para convertirte en una persona distinta.

Expresado de forma abstracta parece asumible, incluso lógico.

Pero cuando toca hacerlo, la cosa ya no está tan clara.

Por qué no está claro

La complicación se debe a que esos momentos de gran crecimiento potencial están rodeados de mucha incertidumbre. No está claro el retorno, y es normal que aparezcan dudas sobre por qué deberías dar un paso al frente. Y además tiene pinta de ser irreversible.

Puede ser en el trabajo, en tu relación de pareja o con tu familia. Puede ser cómo procesas una emoción, tu relación con la comida o cómo decides tratarte a ti misma desde ese momento. Lo que define esos momentos no es un factor externo, sino lo trascendentes que resultan. Sabes que perderás algo de quien eres y no sabes qué ganarás a cambio.

A diferencia de hitos bien señalizados como un matrimonio o el nacimiento de un hijo, en estas otras situaciones solo intuyes que aquí puede haber un antes y un después.

Debes luchar contra el apego, la comodidad, el hábito de conocerte como eres.

Es una llamada a la aventura [1]. Solo que esa llamada es muy discreta, casi un susurro.

Ilustración

Persona atraviesa portal, la mitad que está atrás es cuadriculada y la nueva redondeada.

Destacar que hay aspectos de tu ser que te definen. Partes que consideras irrenunciables, que forman parte de lo más íntimo «esto se viene conmigo». Es lo esencial, lo que te hace ser quien eres. Y es posible que hacer esa cosa lo cambie todo.

El dilema entre ir y no ir. Varias puertas.

Un ejemplo

Mis brazos siempre han sido fuertecitos.

Al principio pensaba que era genético, pero con el tiempo me di cuenta de que son el resultado de hacer pesas sin supervisión cuando era adolescente.

Se me acortaron algunos músculos, se endurecieron mis hombros y normalicé una cierta forma de mover los brazos. Todo eso pasó a ser parte de quien yo era.

Me acostumbré a la imagen, al rango articular, a mi capacidad de hacer fuerza.

Pero a través de la Técnica Alexander, Feldenkrais y Rolfing, y con la práctica de yoga, he descubierto que puedo cambiar esa configuración de los hombros. Que puedo ganar elasticidad y rango de movimiento, y que el precio a pagar es que los brazos sean menos voluminosos.

He decidido ir adelante con ello.

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[1] La llamada a la aventura es la primera etapa del periplo del héroe o monomito, un término acuñado por el antropólogo y mitólogo estadounidense Joseph Campbell para definir el modelo básico de muchos relatos épicos de todo el mundo.